Blockchain-Logo-Blue6Blockchain nos está prometiendo un mundo utópico. Un mundo en el que los intermediarios no son necesarios. Un mundo de máxima eficiencia en el que las cadenas de valor no tienen fugas y todos sus participantes aportan eso, valor. Un mundo en el que es posible combinar privacidad y transparencia, en el que el fraude encuentra mayores dificultades. Es una promesa ya de por si muy tentadora. Pero además no lo promete en base a palabrería. Lo hace poniendo sobre la mesa un nuevo modelo en marcha, una moneda, que que a priori es de lo último que pensaríamos que se puede desintermediar.

Es posible que todas estas promesas se queden sin cumplir y blockchain no consiga despegar

Con esta propuesta tan atractiva y con esta demostración tan demoledora, es fácil pensar que son muchos los escenarios donde blockchain encaja perfectamente y, claro, deberían ser mucho más sencillos que la creación de una nueva moneda global. Hablamos de pasaportes, registros de propiedad de inmuebles, trazabilidad de medicamentos o historiales médicos. Cualquier cosa que se nos pueda ocurrir alrededor de la identidad, del registro de la propiedad o la actividad y de la trazabilidad va a encajar muy bien sobre blockchain. Especialmente si además en el sistema actual existe una autoridad central en la que se confía que es la que blockchain se va a encargar de reemplazar.

La dificultad viene de que la mayoría de esos escenarios requieren de la participación de muchos participantes. Participantes que en el mejor de los casos son competidores y que en muchos de ellos son todos los actores de esa cadena de valor. Por ejemplo, un escenario en el que se lleve registro de todo el historial de un coche. De su dueño, de los accidentes y averías que ha tenido, de las piezas que tiene –las originales, las reparadas y las reemplazadas-… Esta información sería útil para los fabricantes, para las aseguradoras, para la compra/venta de segunda mano, para los talleres o para la policía. Pero a su vez, para que el sistema sea útil, requiere de la participación de todos esos actores.

Con toda probabilidad esto va a suponer una ralentización de sistemas reales –y útiles- funcionando sobre blockchain. Pese a muchas previsiones de estos días, no creo que 2017 sea todavía el año en el que blockchain pase el codo de su curva exponencial. De hecho, a pesar del tremendo potencial transformador de blockchain, aún es posible que todas estas promesas se queden sin cumplir y blockchain no consiga despegar. Con esta expectativa temporal sentada, sí creo que es momento de prototipar sistemas con Blockchain que permitan entenderlo mejor y, especialmente, iniciar conversaciones entre los posibles participantes del sistema.

Toda esta complejidad se elimina si se empieza regulando como en los casos de Honduras con su registro de la propiedad –aunque parece que con problemas– o Estonia con su servicio de notaría dentro de su programa de identidad digital. Son ejemplos en los que es probable que se acelere la adopción de sistemas de una eficiencia y confianza mayor que la actual.

Un comentario sobre “Las difíciles promesas de Blockchain

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